Se deja de querer, y no se sabe
Por qué se deja de querer:
Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
Y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.
Por qué se deja de querer:
Es como abrir la mano y encontrarla vacía,
Y no saber, de pronto, qué cosa se nos fue.
Se deja de querer, y es como un río
Cuya corriente fresca ya no calma la sed;
Como andar en otoño sobre las hojas secas,
Y pisar la hoja verde que no debió caer.
Cuya corriente fresca ya no calma la sed;
Como andar en otoño sobre las hojas secas,
Y pisar la hoja verde que no debió caer.
Se deja de querer, y es como el ciego
Que aún dice adiós llorando después que pasó el tren;
O como quien despierta recordando un camino,
Pero ya sólo sabe que regresó por él.
Que aún dice adiós llorando después que pasó el tren;
O como quien despierta recordando un camino,
Pero ya sólo sabe que regresó por él.
Se deja de querer, como quien deja
De andar por una calle, sin razón, sin saber;
Y es hallar un diamante brillando en el rocío,
Y que, ya al recogerlo, se evapore también.
De andar por una calle, sin razón, sin saber;
Y es hallar un diamante brillando en el rocío,
Y que, ya al recogerlo, se evapore también.
Se deja de querer, y es como un viaje
Detenido en la sombra, sin seguir ni volver;
Y es cortar una rosa para adornar la mesa
Y que el viento deshoje la rosa en el mantel.
Detenido en la sombra, sin seguir ni volver;
Y es cortar una rosa para adornar la mesa
Y que el viento deshoje la rosa en el mantel.
Se deja de querer, y es como un niño
Que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
O escribir en la arena la flecha de mañana
Y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.
Que ve cómo naufragan sus barcos de papel;
O escribir en la arena la flecha de mañana
Y que el mar se la lleve con el nombre de ayer.
Se deja de querer, y es como un libro
Que, aun abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
Y es como la sortija que se quitó del dedo,
Y sólo así supimos que se marcó en la piel.
Que, aun abierto hoja a hoja, quedó a medio leer;
Y es como la sortija que se quitó del dedo,
Y sólo así supimos que se marcó en la piel.
Se deja de querer, y no se sabe
Por qué se deja de querer.
Por qué se deja de querer.
Jose Ángel Buesa

En una noche oscura, pluviosa, silenciosa y a la vez fragorosa, quise crear un poema, una oda, un canto que reflejase mis pensamientos e inquietudes y que en varias lineas resumiera el final de esta aventura y de nuestra historia, pero irritada, indignada y hasta malhumorada , ya que las palabras y las melodías no salían de mis dedos y se plasmaban aquí, decidí leer a uno de los grandes soberanos del verso y posteriormente dejar una de sus obras, en concreto una de mis favoritas.
Espero que les guste, aunque no sea creación propia.
AmGL =)
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